El alimento de los alimentos

19-agosto-2019

La calidad vital de los alimentos que ingerimos proviene de las influencias de todo el entorno y una condición sumamente importante es la vitalidad del suelo en  donde han sido cultivados.

¿Cómo afecta el suelo a los alimentos?

Los componentes del suelo son materia mineral, materia orgánica y porosidad. Además el suelo está en continua evolución dependiendo de la dinámica de los organismos del suelo.

En el suelo se da una parte importante de los ciclos de los elementos que necesitan las plantas para alimentarse. Estos elementos pasan de una sustancia a otra (de lo mineral a lo vivo y de lo vivo a lo mineral). Si estos organismos no tienen las condiciones de vida necesarias para desarrollarse los ciclos se paran. Y si los ciclos se paran, los suministros no llegan a las plantas y aparecen determinadas patologías en ellas: fisiopatías por carencias nutricionales, problemas de metabolismo, y consecuentemente se convierten en cebo para enfermedades y plagas. 

A lo largo de la historia la humanidad ha sufrido periodos de hambre debida a sequías, plagas y enfermedades de los cultivos, aunque sobre todo  debidos a la acción del hombre, representante de la humanidad, a través de acciones que han provocado destrucciones importante de las estructuras agrarias y sociales. Muestra de ello fue el desarrollo de la Revolución Verde, surgida después de la segunda guerra mundial; un tipo de agricultura basada en el uso de los agroquímicos (insecticidas/acaricidas, fungicidas, herbicidas y fertilizantes de síntesis), además del uso de máquinas cada vez más potentes de alto consumo de energías fósiles.

Controversias actuales

La intención de generar alimento a gran escala, desde una visión puramente mecanicista de la vida, ha producido un abusivo uso de recursos naturales, un impacto desfavorable sobre la salud del suelo y por consiguiente una degeneración de salud en las personas. Pesticidas organoclorados, utilizados comúnmente en Europa hasta hace muy poco, y organofosforados, algún representante de los cuales todavía se utiliza hoy en día como insecticida. Según investigaciones científicas, muchos pesticidas autorizados actualmente son disruptores endocrinos, sustancias que alteran el equilibrio hormonal. Entre otros se encuentran el glifosato (herbicida), clorpirifos, dimetoato (organofosforados), 2,4-D cipermetrina (piretroide), tiacloprid (neonicotinoide) todos ellos insecticidas, procloraz (imidazol) , epoxiconazol, tebuconazol (triazoles) todos ellos fungididas ². Además, algunas de estas sustancias químicas catalogadas como tóxicas se caracterizan por ser persistentes y bioacumulables en el organismo.³

Sin embargo, se puede cultivar intensivamente y conseguir grandes rendimientos sin caer en las medidas perjudiciales o tóxicas. En los cultivos biológicos y biodinámicos ⁴ se pueden obtener buenos rendimientos pero por otros medios. Ofrecen soluciones entrando en un paradigma distinto, entendiendo las plantas y los suelos, de manera diferente de lo que hemos recibido de la agricultura convencional, e incluso de la ecológica. Este paradigma más allá de la materia, de la física y la química clásica, y entiende que hay algunas realidades para las que todavía no tenemos una explicación racional pero que se experimentan en la materia a partir de un trabajo a otro nivel: de energía, de información. La salud y la vida se resiste a ser analizada o interpretada en términos exclusivos de razón y funcionamiento puramente mecánico.

Es irreal el concebir que como seres vivos podemos alimentarnos de espadas a los principios de la vida y de las leyes de la Naturaleza.

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